Política y economía global

Quirno reabrió la tensión con Chile por el Estrecho

El canciller calificó a la Argentina como un país “bicontinental y bioceánico” y provocó una reacción inmediata en Chile. Diputados oficialistas y opositores reclamaron explicaciones y advirtieron que Buenos Aires no puede insinuar una salida soberana al Pacífico. Quirno tuvo que aclarar sus dichos y ratificar los tratados bilaterales.

  • 06/09/2026 • 08:14

Pablo Quirno volvió a meter al Gobierno de Javier Milei en una controversia diplomática con Chile justo cuando ambos países intentaban cerrar una discusión sensible por el Estrecho de Magallanes. El canciller afirmó que la Argentina es un país “bicontinental y bioceánico” y la expresión provocó una reacción inmediata entre dirigentes políticos chilenos, que la interpretaron como una posible insinuación de proyección soberana hacia el océano Pacífico. 

La frase fue pronunciada mientras Quirno defendía el proyecto de una Base Naval Integrada en Ushuaia y explicaba la necesidad de fortalecer la presencia argentina en el extremo austral. El canciller vinculó esa estrategia con el Atlántico Sur y el camino hacia la Antártida, pero utilizó un concepto especialmente delicado para la relación bilateral y que rápidamente terminó eclipsando el resto de su explicación. 

El problema es que la declaración llegó apenas después del encuentro entre Milei y José Antonio Kast en Santiago, donde ambos gobiernos habían reafirmado la plena vigencia del Tratado de Límites de 1881 y del Tratado de Paz y Amistad de 1984, además de reconocer la soberanía chilena sobre la totalidad del Estrecho de Magallanes. La aparición del término “bioceánico” pocas horas después fue leída en Chile como una contradicción difícil de explicar. 

La sensibilidad tiene una raíz histórica concreta. El Protocolo Adicional y Aclaratorio de 1893 estableció como principio que Chile no puede pretender puntos hacia el Atlántico y la Argentina no puede hacerlo hacia el Pacífico. Por eso, desde la mirada chilena, hablar de una Argentina “bioceánica” puede sugerir algo mucho más profundo que una simple referencia geográfica o logística. 

La reacción política fue transversal. Alejandro Riquelme, diputado del Partido Republicano de Kast, rechazó categóricamente las palabras de Quirno y diferenció la existencia de corredores bioceánicos de cualquier insinuación soberana. También cuestionó que autoridades argentinas vuelvan recurrentemente sobre materias que Chile considera resueltas por tratados internacionales. 

Desde la oposición chilena también hubo críticas. Raúl Soto acusó al gobierno de Kast de manejar con ingenuidad la relación con la Argentina y advirtió que las declaraciones del canciller argentino mostraban que Buenos Aires mantiene una estrategia geopolítica propia más allá de las declaraciones conjuntas. El senador Iván Moreira, desde la derecha, pidió incluso medidas más firmes y sostuvo que la relación bilateral empieza a mostrar señales preocupantes. 

La situación se volvió lo suficientemente incómoda como para que Quirno tuviera que salir a aclarar sus palabras. El canciller explicó que cuando habló de una Argentina “bicontinental y bioceánica” se refería al fortalecimiento de la presencia nacional en el Atlántico Sur como vía hacia la Antártida y reafirmó que la política del Gobierno es respetar plenamente los tratados y acuerdos vigentes con Chile. 

La aclaración buscó evitar que el conflicto escalara a una protesta diplomática formal. En Chile se llegó a especular con la posibilidad de convocar al embajador argentino Jorge Faurie o presentar una nota oficial, aunque hasta el momento la discusión quedó concentrada fundamentalmente en el plano político y parlamentario. 

El episodio resulta especialmente incómodo porque no ocurre en el vacío. La relación bilateral ya venía tensionada por declaraciones previas del jefe de la Fuerza Aérea argentina, Gustavo Javier Valverde, alrededor del Estrecho de Magallanes. El encuentro Milei-Kast había buscado precisamente cerrar esa crisis mediante una reafirmación explícita de los tratados, pero la frase de Quirno volvió a abrir el debate casi inmediatamente. 

Quirno dijo que Argentina es "bioceánica" y reactivó la tensión con Chile

La política exterior de Milei vuelve así a quedar expuesta por un problema que se repite: declaraciones de alto impacto que obligan después a Cancillería a explicar, matizar o reconstruir relaciones. En este caso, la contradicción es todavía más evidente porque quien provocó la polémica fue precisamente el propio canciller, el funcionario encargado de evitar que una expresión ambigua termine transformándose en un conflicto diplomático.

El Gobierno tiene derecho a fortalecer la presencia argentina en Tierra del Fuego, el Atlántico Sur y la Antártida y a desarrollar infraestructura militar estratégica en Ushuaia. El problema aparece cuando esa política se comunica utilizando términos capaces de generar dudas sobre tratados limítrofes que llevan más de un siglo ordenando la relación con Chile.

Quirno intentó corregir rápidamente el daño y ratificó que la Argentina respetará los acuerdos vigentes. Pero el episodio dejó nuevamente una señal de amateurismo diplomático difícil de ignorar: Milei viaja a Santiago, firma una declaración para cerrar una controversia y, apenas después, su propio canciller utiliza una expresión que obliga a volver a explicar aquello que acababan de acordar.

La Casa Rosada busca mostrarse como un actor geopolítico cada vez más relevante. Para conseguirlo, sin embargo, necesita algo más elemental que grandes discursos sobre soberanía y estrategia internacional: evitar abrir conflictos innecesarios con los vecinos por frases que después hay que salir a aclarar.

 

 

 

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