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Trump enfría a Milei y pide evitar una escalada por Malvinas

El presidente de Estados Unidos advirtió que un conflicto entre Argentina y Reino Unido sería un “desastre potencial” y aseguró que podría intervenir para resolverlo. La declaración pone un límite a las expectativas que Milei había generado tras los primeros gestos de Washington sobre la disputa.

  • 12/09/2026 • 11:51

Donald Trump volvió a referirse a las Islas Malvinas y esta vez eligió un tono mucho más prudente que el que había entusiasmado al Gobierno argentino semanas atrás. El presidente de Estados Unidos advirtió este sábado que un eventual conflicto entre Argentina y Reino Unido por el archipiélago sería un “desastre potencial” y aseguró que probablemente podría intervenir para resolver la disputa si ambas partes solicitaran su participación. 

Las declaraciones fueron realizadas en Dublín después de una reunión con el primer ministro irlandés Micheál Martin. Trump sostuvo que Argentina y Reino Unido están actualmente “enfadados” por la cuestión Malvinas y volvió a remarcar las dificultades que tendría Londres para desplegar una operación militar a miles de kilómetros de su territorio. 

El mensaje introduce un matiz importante para Javier Milei. A fines de agosto, Trump había sorprendido al afirmar que estaba dispuesto a revisar la posición histórica de Washington sobre la disputa de soberanía, una declaración que la Casa Rosada interpretó como una oportunidad diplomática inédita y que el propio Presidente utilizó para sostener que comenzaban a soplar “vientos favorables” para el reclamo argentino. 

Milei había apostado fuerte a esa señal. Durante su cadena nacional por Malvinas afirmó que Estados Unidos estaba reevaluando su postura y vinculó esa posibilidad con el alineamiento estratégico que su Gobierno construyó con Washington. La lectura oficial era clara: la relación personal con Trump podía convertirse en una ventaja argentina frente a Reino Unido. 

La nueva declaración estadounidense obliga, sin embargo, a moderar esa expectativa. Trump no reconoció la soberanía argentina sobre las islas ni anunció un cambio formal en la posición de Estados Unidos. Lo que hizo fue advertir sobre las consecuencias de una escalada y presentarse como una eventual figura capaz de mediar entre Buenos Aires y Londres. 

Esa diferencia resulta central porque la política de Washington continúa sin una modificación oficial. Estados Unidos reconoce la administración británica de hecho sobre el archipiélago y mantiene una posición de neutralidad respecto de la disputa de soberanía, aunque históricamente su relación estratégica con Londres tuvo un peso determinante, como quedó demostrado durante la guerra de 1982. 

Trump volvió además a cuestionar la capacidad británica para sostener operaciones militares lejos de Europa. Señaló que Reino Unido enfrenta problemas internos vinculados con energía e inmigración y puso en duda que esté en condiciones de realizar un despliegue de semejante distancia, en continuidad con sus críticas recientes al gobierno británico por no haber colaborado militarmente con Estados Unidos en el conflicto con Irán. 

Ese enfrentamiento entre Trump y Londres había sido precisamente el elemento que Milei intentó aprovechar. Después de que el mandatario estadounidense insinuara que podía revisar su postura, la Argentina endureció su estrategia diplomática y jurídica: anunció sanciones y acciones contra empresas vinculadas con la explotación de hidrocarburos en el área de Malvinas y reforzó la coordinación de distintos organismos estatales alrededor del reclamo soberano. 

Reino Unido respondió con igual firmeza. El primer ministro Andy Burnham aseguró ante la Cámara de los Comunes que su Gobierno sería “implacable” en la defensa de los isleños y rechazó cualquier posibilidad de discutir la soberanía. Al mismo tiempo, Londres sostuvo que pretende mantener una relación constructiva con Argentina en otras áreas. 

La escalada adquirió además una dimensión económica concreta por el desarrollo petrolero de Sea Lion, previsto para comenzar a producir en 2028. Argentina considera que esas actividades se realizan sobre áreas pertenecientes a su plataforma continental y avanzó con acciones judiciales y administrativas contra compañías involucradas en la explotación sin autorización nacional. 

En ese contexto, la advertencia de Trump puede leerse también como un límite a cualquier interpretación militar del conflicto. La Constitución argentina sostiene el reclamo de soberanía mediante medios pacíficos y la estrategia oficial presentada por Milei se apoya en herramientas diplomáticas, económicas, legales y judiciales, no en una hipótesis bélica. La mención estadounidense a un “desastre potencial” introduce, sin embargo, la idea de que Washington observa con preocupación la velocidad que adquirió la tensión.

Para Milei, el desafío será evitar que su apuesta por Trump termine convirtiendo una política de Estado en una negociación personal con el presidente estadounidense. Especialistas ya habían advertido que vincular el reclamo de Malvinas a una administración concreta de Washington resulta riesgoso porque la relación bilateral entre Estados Unidos y Reino Unido puede modificarse con rapidez y responder a intereses completamente ajenos a la Argentina. 

La Casa Rosada consiguió que Malvinas volviera al centro de la discusión internacional y que un presidente estadounidense hablara públicamente de revisar su posición, algo políticamente relevante. Pero transformar ese gesto en un respaldo a la soberanía argentina sería ir más allá de lo que Trump efectivamente dijo.

Este sábado quedó todavía más claro. El mandatario norteamericano no se colocó del lado de Buenos Aires ni de Londres: se colocó en el lugar del eventual mediador y advirtió que una escalada sería desastrosa.

Milei había presentado a Trump como el aliado capaz de cambiar el tablero de Malvinas. Ahora deberá demostrar que puede aprovechar esa relación sin confundir una ventana diplomática con un apoyo que, por el momento, Estados Unidos nunca formalizó.

 

 

 

 

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