La relación entre Javier Milei y los gobernadores que durante buena parte de su gestión le garantizaron gobernabilidad empieza a mostrar nuevas fisuras. Gustavo Sáenz, uno de los mandatarios que acompañó varias iniciativas centrales de la Casa Rosada, salió con fuertes cuestionamientos después de reunirse con el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y lanzó una advertencia que golpea directamente sobre la estrategia parlamentaria oficial: “La paciencia se va acabando”. La frase llegó apenas horas después de que el Gobierno enviara al Congreso el proyecto de Presupuesto 2027 y comenzara a buscar los votos necesarios para aprobarlo. Santilli recibió durante más de dos horas a Sáenz y a los gobernadores Raúl Jalil, de Catamarca; Juan Pablo Valdés, de Corrientes; y Osvaldo Jaldo, de Tucumán, en el inicio de una ronda de negociaciones con las provincias del Norte. El problema para la Casa Rosada es que los gobernadores ya no parecen dispuestos a acompañar a cambio de promesas. Sáenz habló directamente de “falta de consideración y de reciprocidad” y recordó que las provincias ayudaron al oficialismo a aprobar leyes fundamentales, pero cuando necesitan respuestas para sus propios problemas encuentran demoras, trabas o directamente rechazo de los sectores libertarios. El gobernador salteño resumió esa relación con una definición que apunta al corazón del vínculo político construido por Milei con los mandatarios provinciales: “La lealtad es una avenida de ida y de vuelta”. Según Sáenz, hasta ahora los gobernadores transitaron esa avenida hacia la Casa Rosada cada vez que el Gobierno necesitó votos, pero el acompañamiento no regresó cuando las provincias reclamaron soluciones. Uno de los principales conflictos está relacionado con la deuda salteña. Sáenz explicó que la provincia tomó originalmente compromisos por US$640 millones durante una administración anterior y ya canceló cerca de US$500 millones. Ante la mejora del riesgo país y las condiciones financieras, Luis Caputo le recomendó refinanciar el saldo, pero para avanzar necesita autorización y garantía soberana del Gobierno nacional. Ahí aparece la contradicción que enfureció al gobernador. Economía recomienda realizar la operación, pero el aval necesario de Nación no termina de aparecer. Sáenz sostiene que la misma situación se repite con financiamiento internacional destinado a obras fundamentales para Salta, incluidas rutas nacionales cuyo mantenimiento debería corresponder al Gobierno central pero que la provincia decidió asumir ante la falta de respuestas. El reclamo adquiere mayor peso porque Salta asegura que no está pidiendo transferencias directas del Tesoro para realizar esas obras. La provincia pretende conseguir financiamiento externo y hacerse cargo de los trabajos, pero para determinados créditos necesita la garantía soberana nacional. Es decir, el conflicto no pasa solamente por conseguir dinero de la Casa Rosada, sino por obtener las autorizaciones necesarias para buscarlo por otra vía. Sáenz también apuntó contra el comportamiento territorial de La Libertad Avanza. Según planteó, mientras Milei necesita a los gobernadores para aprobar leyes nacionales, los dirigentes libertarios de Salta y otras provincias votan en contra de iniciativas que esos mismos mandatarios necesitan en sus legislaturas. Esa dinámica terminó desgastando un esquema de cooperación que durante los primeros años le permitió al Presidente compensar su debilidad parlamentaria. El momento elegido para hacer público el enojo no podría resultar más incómodo para Milei. El Gobierno acaba de poner en marcha el operativo para aprobar el Presupuesto 2027 y necesita reconstruir una mayoría con gobernadores que ya demostraron que dejaron de entregar sus votos automáticamente. Jaldo reconoció que el Presidente debe contar con un Presupuesto aprobado, pero reclamó que tenga carácter federal y llevó a la reunión demandas vinculadas con rutas y compensaciones energéticas para el Norte. Sáenz, además, marcó un límite concreto en la discusión sobre discapacidad. El gobernador anticipó que no acompañará una reducción de las protecciones vigentes y reclamó que la defensa del equilibrio fiscal sea compatible con un “equilibrio social”. También sostuvo que las personas con discapacidad no pueden convertirse en una simple variable contable y pidió que las irregularidades sean combatidas mediante auditorías sin desatender a quienes necesitan las prestaciones. La advertencia resulta todavía más significativa porque dentro del propio Gobierno Milei acaba de ordenar a sus funcionarios y legisladores que no hagan concesiones frente a las críticas económicas. Esa rigidez empieza a chocar con el ala política, que necesita margen para negociar con gobernadores y aliados en un Congreso donde el oficialismo continúa dependiendo de votos ajenos. El gobernador salteño también dejó una lectura política que debería preocupar a la Casa Rosada de cara a 2027. Sostuvo que existe una parte de la sociedad que no quiere regresar al pasado, pero que tampoco está conforme con el presente, y cuestionó que toda la discusión nacional quede reducida nuevamente a una polarización entre Milei y Cristina Kirchner. En materia económica, Sáenz reconoció avances en la estabilización macroeconómica, pero planteó que todavía falta institucionalidad, confianza y previsibilidad para que esa mejora llegue a la economía real. Señaló que inversión, consumo y exportaciones siguen sin despegar como deberían y reclamó políticas de Estado capaces de sobrevivir a los cambios de gobierno. El planteo expone un problema que Milei arrastra desde hace meses. Durante buena parte de su mandato pudo gobernar con una combinación de disciplina fiscal, acuerdos puntuales y gobernadores dispuestos a prestarle votos aun sin formar parte de La Libertad Avanza. Ahora varios de esos aliados empiezan a cobrar políticamente aquel acompañamiento y exigen que la relación deje de funcionar solamente cuando la Casa Rosada necesita algo. Sáenz todavía no rompió con Milei y mantiene abiertos los canales de negociación con Santilli y Caputo, pero su advertencia muestra que el vínculo entró en otra etapa. El Gobierno necesita nuevamente a los gobernadores para aprobar el Presupuesto y sostener su agenda legislativa, mientras las provincias reclaman que esta vez los compromisos asumidos se conviertan en respuestas concretas. La Casa Rosada vuelve así a enfrentarse con una contradicción que conoce demasiado bien: necesita los votos de una política federal que Milei cuestionó durante años, pero ya no alcanza con convocar a los gobernadores cuando llega una votación complicada. Sáenz acaba de advertir que la paciencia se está agotando y, si otros mandatarios adoptan la misma posición, el costo para el Gobierno puede empezar a sentirse directamente en el Congreso.             Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P