Victoria Villarruel dio otro paso en su ruptura política con Javier Milei y esta vez eligió uno de los terrenos más sensibles para hacerlo: la economía. Durante la apertura de la 74ª Exposición Rural de Chivilcoy, la vicepresidenta reclamó mejores salarios, mayor inversión en infraestructura, una reforma impositiva y una política productiva que permita recuperar el ahorro de las familias, una agenda que contrasta abiertamente con las prioridades que sostiene la Casa Rosada. Villarruel ya no parece limitarse a expresar diferencias institucionales o a construir una agenda paralela desde el Senado. Su discurso empieza a tener características de plataforma política y contiene críticas directas sobre algunos de los puntos débiles del programa libertario. La vicepresidenta puso en el centro la producción, el empleo y el salario justo cuando Milei enfrenta cuestionamientos porque la estabilización macroeconómica todavía no logra traducirse en una recuperación suficientemente fuerte de los ingresos y el consumo. El escenario tampoco fue casual. Villarruel eligió nuevamente al campo para diferenciarse de Milei y reclamó una reforma tributaria que premie a quienes producen, invierten y generan empleo. Fue incluso más lejos al pedirle expresamente al Poder Ejecutivo que tome nota de esa necesidad y envíe al Congreso los proyectos necesarios, una forma poco disimulada de señalar que, a su criterio, la administración libertaria todavía tiene una deuda con el sector productivo. La vicepresidenta también cuestionó indirectamente otro de los pilares del discurso oficial: la retirada del Estado de la infraestructura. Planteó que caminos rurales, puentes, desagües, conectividad, energía y rutas son indispensables para aumentar la producción y sostuvo que, aunque el Estado no debe reemplazar al empresario, tampoco puede desentenderse de generar las condiciones necesarias para producir. La definición toca uno de los puntos más controvertidos del modelo de Milei. El Gobierno hizo del recorte de la obra pública una pieza central del ajuste fiscal y apostó a que buena parte de las inversiones fueran absorbidas por el sector privado. Villarruel propone una mirada diferente: acepta el protagonismo empresarial, pero asigna al Estado una responsabilidad concreta sobre la infraestructura que sostiene la actividad productiva. Sin embargo, el tramo políticamente más fuerte de su discurso estuvo dedicado a los salarios. Villarruel sostuvo que aumentar la producción debe servir para generar empleo y que ese trabajo tiene que transformarse en ingresos capaces de sostener a las familias y permitirles volver a ahorrar. No habló simplemente de estabilidad monetaria, equilibrio fiscal o reducción de la inflación, sino de cuánto dinero queda finalmente en el bolsillo. La diferencia con Milei es cada vez más evidente. El Presidente viene defendiendo que los salarios formales recuperaron terreno y sostiene que la mejora económica terminará trasladándose al resto de la sociedad, mientras su vicepresidenta eligió señalar públicamente que todavía hace falta mejorar los ingresos. La discusión deja de ser entonces únicamente sobre la velocidad de la recuperación y empieza a alcanzar el propio diagnóstico sobre la situación social. El contraste se vuelve todavía más fuerte después de la última decisión del Gobierno sobre el salario mínimo. Tras fracasar nuevamente la negociación entre sindicatos y empresarios, el Ejecutivo fijó unilateralmente un piso de $383.800 para septiembre, que subirá gradualmente hasta $437.000 recién en abril de 2027. Las centrales obreras habían reclamado cifras muy superiores y abandonaron el plenario después de que tampoco prosperara su pedido de una negociación presencial. Villarruel empieza así a ocupar un terreno que puede resultar incómodo para Milei de cara a las elecciones. No abandona completamente las banderas que comparten buena parte de los votantes de derecha, como la defensa de la propiedad privada, el campo, la seguridad o una reducción de la presión impositiva, pero incorpora al discurso conceptos que el Presidente suele relegar: infraestructura pública, desarrollo territorial, producción nacional y salario digno. Esa combinación empieza a delinear una estrategia propia. En lugar de competir con Milei desde la oposición tradicional, Villarruel parece intentar construir una alternativa dentro del mismo universo electoral que llevó a La Libertad Avanza al poder. Busca conservar al votante que reclama orden fiscal y menos impuestos, pero al mismo tiempo acercarse a quienes empiezan a cuestionar el impacto social y productivo del programa económico. La vicepresidenta también volvió a poner el foco en el interior y reclamó condiciones para que los jóvenes puedan estudiar, trabajar y formar una familia sin abandonar sus ciudades para trasladarse a los grandes centros urbanos. Esa insistencia territorial coincide con una agenda de recorridas que viene desarrollando por distintas provincias y municipios mientras mantiene prácticamente rota su relación política con la Casa Rosada. El movimiento adquiere mayor importancia porque Villarruel ya dejó abierta públicamente la puerta a 2027. En julio aseguró que le gustaría seguir sirviendo a los argentinos desde la política, y sus últimas apariciones empiezan a darle contenido concreto a esa posibilidad. Todavía no existe una candidatura presidencial formal, pero sus discursos dejaron de parecer únicamente intervenciones protocolares de una vicepresidenta enfrentada con su Presidente. La estrategia también encierra riesgos. Villarruel deberá demostrar que puede convertir su nivel de conocimiento y su diferenciación de Milei en una estructura política nacional capaz de competir, conseguir candidatos, fiscales y financiamiento. Pero su ventaja es que puede construir desde adentro del electorado que acompañó al Gobierno y señalar sus resultados sin cargar con la identidad del peronismo. Para Milei, esa amenaza puede resultar más compleja que una crítica opositora. Villarruel conoce el corazón del electorado libertario, compartió la fórmula presidencial de 2023 y puede cuestionar al Gobierno sin impugnar necesariamente todas las ideas que llevaron a ese espacio al poder. Su planteo parece ser que el ajuste fiscal no alcanza si no existe producción, que bajar la inflación no alcanza si los salarios no permiten ahorrar y que retirar al Estado no sirve si las rutas y la infraestructura necesarias para producir quedan abandonadas. La vicepresidenta todavía evita anunciar qué hará en 2027, pero su discurso en Chivilcoy dejó una señal difícil de ignorar. Mientras Milei insiste en defender la arquitectura de su programa económico, Villarruel empieza a construir una propuesta diferente desde el propio territorio político que alguna vez compartieron. La pelea entre ambos ya no pasa solamente por Karina Milei, el Senado o las internas de la Casa Rosada. Ahora también discuten qué economía debería tener la Argentina, y cuando una vicepresidenta empieza a explicar públicamente qué cambiaría del programa de su propio Gobierno, la distancia deja de ser personal y empieza a parecerse cada vez más a una disputa por la sucesión.Este enfoque permite unir la ruptura con Milei con la construcción presidencial de Villarruel, sin presentar todavía su candidatura para 2027 como un hecho consumado.         Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P