Partidos

Juez se suma a Bullrich y amenaza con romper con Milei

El senador cordobés, uno de los aliados más fieles del Gobierno, admitió su creciente malestar con la Casa Rosada y lanzó una frase que encendió las alarmas: “No me dan pelota”. Su distanciamiento se suma a la ofensiva de Patricia Bullrich y expone las dificultades de Karina Milei para contener a la tropa propia.

  • 18/09/2026 • 15:05

La interna libertaria sumó un protagonista que hasta hace poco parecía impensado. Luis Juez empezó a mostrar públicamente su malestar con la Casa Rosada y dejó abierta la posibilidad de revisar su relación con Javier Milei, justo cuando Patricia Bullrich profundiza sus diferencias con Karina Milei y los Menem. El senador cordobés resumió su situación con una frase contundente al señalar que pasó de una etapa de cercanía con el poder a otra en la que siente que directamente “no le dan pelota”.

El movimiento tiene peso porque Juez no fue un opositor circunstancial que acompañó algunas leyes del Gobierno. Durante buena parte de la gestión libertaria se convirtió en uno de los dirigentes externos más comprometidos con Milei, defendió sus principales reformas y hasta trabajó abiertamente por su reelección. En marzo todavía sostenía que el oficialismo había recuperado la iniciativa en el Senado y respaldaba explícitamente la continuidad presidencial en 2027.

Esa relación empezó a deteriorarse a medida que Karina Milei concentró las decisiones políticas y redujo el margen de los aliados. Juez quedó relegado de algunas conversaciones importantes y ahora empieza a transmitir la sensación de que la Casa Rosada utiliza los apoyos legislativos cuando los necesita, pero después excluye a esos mismos dirigentes de las decisiones políticas y electorales.

La situación se vuelve más delicada porque ocurre en paralelo con la rebelión de Bullrich. La jefa del bloque libertario en el Senado viene diferenciándose del Gobierno en cuestiones económicas, electorales e institucionales y ya había llegado a poner su renuncia a disposición de Milei después de rechazar una decisión presidencial sobre un pliego judicial. El Presidente no se la aceptó y la Casa Rosada intentó entonces minimizar el conflicto, pero las diferencias nunca desaparecieron.

Durante agosto, Bullrich volvió a tomar distancia al reclamar que los resultados económicos lleguen más rápido a los hogares y las PyMEs. Aunque mantuvo su respaldo general al rumbo económico, reconoció públicamente que existen sectores atravesando dificultades, una definición bastante diferente del discurso presidencial que insiste en que el programa funciona según lo previsto.

Juez aparece ahora cerca de esa misma lógica política. No necesariamente plantea una ruptura inmediata con Milei, pero empieza a advertir que su acompañamiento no puede significar subordinación permanente. El senador necesita además preservar su propia estructura en Córdoba, donde el Frente Cívico mantiene aspiraciones provinciales y no está dispuesto a desaparecer dentro de un armado manejado exclusivamente desde Buenos Aires por Karina y sus operadores.

El problema para la Casa Rosada es que Juez no es fácilmente reemplazable. En un Senado donde La Libertad Avanza no tiene mayoría propia y necesita construir acuerdos para cada votación importante, perder a dirigentes que durante años funcionaron como aliados confiables puede encarecer todavía más la aprobación de las reformas que Milei quiere impulsar antes de 2027.

Bullrich ocupa una posición todavía más sensible porque conduce directamente el bloque oficialista. A comienzos de agosto, Milei se reunió con ella para ordenar la estrategia del Senado y concentrar esfuerzos sobre el Súper RIGI, la reforma del Banco Central, Inocencia Fiscal y el sistema electoral. Apenas unas semanas después, la relación volvió a tensionarse y la exministra comenzó a exhibir nuevamente una autonomía que incomoda al karinismo.

La disputa tiene además un trasfondo electoral. Bullrich nunca ocultó que mantiene aspiraciones presidenciales y ya declaró que pretende llegar a la Casa Rosada después de Milei. Su necesidad de conservar identidad propia choca directamente con el intento de Karina de ordenar todo el espacio libertario desde arriba y definir candidatos sin permitir polos alternativos de poder.

Juez enfrenta un dilema parecido en Córdoba. Su construcción política precede ampliamente a La Libertad Avanza y depende de conservar autonomía frente al oficialismo nacional. Si Karina pretende que los aliados acompañen las leyes de Milei pero después queden afuera de las decisiones electorales, el costo de permanecer dentro del dispositivo libertario empieza a crecer.

La Casa Rosada había conseguido durante los primeros años compensar su debilidad parlamentaria mediante una red de aliados que le permitía alcanzar mayorías aun sin contar con los números propios. Ese esquema comenzó a desgastarse cuando gobernadores y legisladores comprobaron que podían cobrar políticamente más caro cada acompañamiento y cuando algunos de los dirigentes que habían sostenido al Gobierno empezaron a sentirse desplazados.

Por eso el malestar de Juez excede una frase. Cuando un dirigente que había defendido la reelección de Milei reconoce públicamente que dejó de tener interlocución con el Gobierno, queda expuesto un problema de conducción política que Karina todavía no logra resolver.

Milei necesita ampliar para ganar en 2027 y necesita aliados para gobernar hasta entonces, pero su hermana construye un esquema cada vez más cerrado alrededor de La Libertad Avanza. Esa tensión explica buena parte de las peleas que atraviesan al oficialismo: quienes aportaron votos, estructura o bancas empiezan a reclamar participación en las decisiones y descubren que la mesa chica no siempre está dispuesta a concederla.

Bullrich ya decidió marcar sus diferencias y preservar su capital político. Juez empieza a enviar señales parecidas. Si otros aliados siguen el mismo camino, el problema dejará de ser una sucesión de internas personales y pasará a convertirse en una crisis de la coalición que Milei necesita para sostener su proyecto.

La frase del cordobés resume mejor que cualquier comunicado el deterioro de esa relación: pasó de la cercanía con el poder a sentir que ya no lo escuchan. Para un Gobierno que necesita cada voto y que enfrenta un escenario mucho más competitivo rumbo a 2027, empezar a cansar a sus aliados puede convertirse en un lujo demasiado caro.Este enfoque mantiene la ruptura como posibilidad y señal política, no como un hecho consumado, porque hasta ahora Juez no formalizó una salida y Bullrich continúa conduciendo el bloque libertario del Senado.

 

 

 

 

 

Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M

Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P