Entrevistas y Análisis

La confianza en Milei se desploma a su nivel más bajo

El escándalo por coimas en la ANDIS, sumado a derrotas legislativas y turbulencia económica, hundió el apoyo al Gobierno: el Índice de Confianza cayó un 13,6% en agosto, tocando el piso desde que Milei asumió.

  • 25/08/2025 • 17:35

                     

Cae la confianza: toque a fondo

La Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella registró este agosto una caída del 13,6% en el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), ubicándolo en apenas 2,12 puntos sobre 5, su nivel más bajo desde que Javier Milei asumió como presidente  .
 

La confianza se quebró en todos los frentes

La honestidad de los funcionarios bajó a 2,54 (-9,9%)

La capacidad para resolver problemas cayó al 2,46 (-14,6%)

La administración eficiente del gasto público bajó a 2,10 (-13,2%)

La evaluación general del Gobierno descendió a 1,78 (-12,8%)

Y la preocupación por el interés general tocó 1,73 (-18,2%)  .


No es solo un dato frío

Este desplome interrumpe cuatro meses de estabilidad y marca un antes y un después en la percepción ciudadana  . Además, aunque sigue por arriba del promedio histórico de Alberto Fernández, está muy por debajo del registro equivalente durante el Gobierno de Macri  .


Capital y Conurbano: territorios críticos

La caída fue más severa donde todo empezó: en CABA cayó un impactante 28,2%, y en el Gran Buenos Aires 23,3%; el interior resintió algo menos, con una baja del 7,4%  .

 

Esta caída llega justo antes de que estalle el escándalo por coimas en Discapacidad y tras derrotas contundentes del oficialismo en el Congreso —como el rechazo a vetos presidenciales clave— mientras la economía sigue en terapia: inflación, miedo social y la confianza financiera por el piso  .
 

Este desplome no es mera tangente estadística: es un alerta roja política. En medio del procesamiento de su círculo íntimo, Milei perdió el respaldo más importante: el que debería sostenerlo en lo institucional.
 

El gobierno rígido que prometía moralidad, orden y reforma hoy se desinfla con más ruido que promesas. La gente no le cree ya nada: ni soluciones, ni ética, ni liderazgo. Y si el poder no tiene respaldo, simplemente deja de existir.
 

Conclusión: El escenario político que se abre hacia septiembre y octubre no está librado al azar: los escándalos no son incidentes aislados, sino un relato estructural que trastoca el fundamento mismo de la agenda libertaria.

La maquinaria mediática y política de Milei se quiso montar sobre el sello de ser el “anti-casta”. Pero una cadena de casos —desde la criptomoneda Libra hasta coimas en organismos clave— desarmaron esa narrativa. La coherencia ya no es una promesa, sino un déficit que pesa. En las próximas elecciones, la exposición del sistema corrupto contra el que se presentó erosionará la credibilidad o lo que queda de ella.

Las primeras lecturas muestran que el apoyo al oficialismo —antes concentrado— hoy está en retroceso, especialmente en el área metropolitana. Si los casos de mala praxis institucional golpean con fuerza, el voto de sept/oct será exprimido con más dureza: los mismos votantes que apostaron al cambio pueden virar al castigo represivo si se sienten traicionados por el pouvoir.

Milei apostará a montar una grieta nueva entre “anticasta” y “casta corrupta”. Pero cuando los protagonistas de la grieta terminan manchados, el relato pierde efecto. Frente a este desgaste, Kicillof y el peronismo en Provincia de Buenos Aires ya aparecían ligeramente arriba en las encuestas, y ahora un voto de “defensa institucional” puede representar una oportunidad.

Las investigaciones judiciales ya suman allanamientos, bloqueos y vínculos directos con la seguridad de Nordelta o con exfuncionarios de Macri. En este marco, quienes tenían la ilusión de un cambio profundo se enfrentarán con una alternativa desgastada y contaminada. La disputa no será entre ideas, sino entre quién tiene señal de confiabilidad mínima.

 

Riesgo de efecto boomerang

Si los votantes perciben que la transparencia libertaria era una farsa planificada (y no una emergencia política), la caída del voto no será gradual, sino torrencial. El costo de la decantación ya aparece en encuestas: contra todas las promesas, el “liberalismo ético” puede terminar víctima de su propio relato inflado de moralidad.
 

 

 

 

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