El encuentro, realizado el jueves, reunió a economistas, inversores, ejecutivos de fondos y banqueros que coincidieron en una frase: “hay mucho más riesgo que certidumbre”. En los pasillos se habló de “despeje político”, “ajuste”, “reperfilamiento” y “dólar”, términos que crecen en tono ante lo que viene después de la elección.   La clave del clima Diferentes participantes plantearon que, gane quien gane, la economía argentina entra en una fase de transición obligada. Por un lado, si prevalece el oficialismo, será bajo la presión de que impulse reformas —lo que los mercados quieren ver—; por otro, si la oposición frena el proyecto, aumentan los temores de inacción, default o caída política. En ese contexto, el dólar, la deuda externa y las reservas aparecen como tableros centrales.   Algunos analistas presentes afirmaron que la expectativa no es tanto un salto de renacimiento económico, sino más bien “evitar el colapso”. En palabras de uno de los voceros: “No estamos buscando el boom, sino que no se rompa nada”. Y ese “no romperse nada” se está volviendo la nueva meta.   Lo que dijeron los expertos Según el evento, los temas más recurrentes fueron: ¿Podrá el Gobierno, o un eventual nuevo gobierno, financiar el superávit primario que propone? ¿Qué tan crédible es la promesa de reparo al gasto público mientras se recurre al financiamiento externo? ¿Cuánto peso tendrá la campaña en la estabilidad económica, sabiendo que los meses posteriores al 26 de octubre pueden complicar la macro? Algunos participantes concluyeron que la incertidumbre política está tan avanzada que ya se incorpora a los precios: “El mercado ya está pagando una prima por esperar el comité político posterior a la elección”.   Desde Córdoba se advirtió que un escenario de bloqueos legislativos, alianzas volátiles o ausencia de claridad en la transición será “castigado” por las variables financieras: la brecha cambiaria se puede abrir, el riesgo país subir y la fuga de capitales acelerarse. En cambio, una señal clara de pacto con los gobernadores o con el Congreso podría generar alivio, al menos temporal.   Además, se consideró que la campaña electoral ya no es solo política: es un factor macroeconómico. Cada gesto, cada tropiezo en la alianza oficialista, se traduce en tweets, en declaraciones y en volcados rápidos de los mercados locales e internacionales.   El congreso en Córdoba reveló lo que muchos funcionarios aún no admiten: que las elecciones del 26 de octubre no son solo un trámite democrático, sino un hito de continuidad o ruptura para la economía argentina. Mientras los militantes gritan y los candidatos hacen recorridas, los que realmente mueven los palos del sistema financiero ya toman nota. Y su conclusión es clara: la certidumbre no está en el acto de votar, sino en lo que venga después. Ahora, el reloj político-económico está en cuenta regresiva.       Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P